Todos los años pasa lo mismo, la segunda parte de junio se me hace eterna (quizás pensando ya en las vacaciones) y sin embargo, julio llega sin darse apenas cuenta. Los sanfermines pasaron sin pena ni gloria, tan solo un día salimos a comer. El calor ha sido asfixiante y no he tenido ganas ni de hacer fotos, así que estos primeros días de mes recordaré alguna comida que estaba deliciosa, unas flores al borde de un estanque, unas cerezas que me dio una amiga, y cómo no, la ropa blanca tendida y libre de manchas sanfermineras.
Para la próxima entrada, estaré ya de vacaciones... bieeeeeeeennnn!!!!!!!!!!!!!!

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