No recuerdo bien en qué momento el peque empezó a sentir fascinación por la magia, pero han pasado varios años ya, eso es seguro. Tampoco recuerdo qué fue aquello que hizo saltar en él esa chispa de querer aprender casi con devoción los entresijos de ese maravilloso mundo.
Unas Navidades pidió un maletín de magia. Contenía diferentes
artilugios de alegres colores y misteriosas funciones. Aún me acuerdo cómo pasábamos tardes enteras intentando descifrar las explicaciones del manual para poner en práctica los trucos. Parte de los objetos que véis en la foto, pertenecen a ese primer maletín causante de todo lo que ha venido después.
Al poco tiempo se inclinó por las cartas, animado quizás por varios trucos que le enseñó su padre. Me maravilla la capacidad de retención que tiene el peque. A mí me los han explicado cien veces, pero soy incapaz de repetirlos. También se inventa algunos, combinando un poco de aquí y de allá.
Por iniciativa propia, suele traer libros de magia de la biblioteca, y se los lee una y otra vez. Coge ideas de uno y de otro. Hace poco fuimos a una tienda enooooorme de chinos, y mientras nos repartíamos, yo a la sección de artilugios para la casa y él a la de juguetes, vino corriendo con esa caja de madera, y con su cara de "por favor, solo cuesta un euro y la necesito para guardar las dos barajas que tengo.....". Bueeeeeno, sin duda es un accesorio imprescindible para un mago en ciernes...
Poco a poco han ido incorporándose nuevas adquisiciones, como pequeños kits de magia de un tal Mr. Creepy (en un principio)..
... o el maletín completo del susodicho.
Ha aprendido trucos de cortar billetes de 20 o 50 € (para que tenga más emoción, claro), hacer desaparecer una moneda poniendo un vaso de cristal encima, clavar espadas metiéndose en una caja de cartón, y algunos otros que suele hacer en reuniones familiares o incluso el día de su cumpleaños, con un ayudante que bajó a casa un día para "ensayar".
Su ídolo absoluto en este momento es el mago
Yunque, incluso fuimos a ver un espectáculo suyo hace un tiempo. Conseguí un par de entradas para verle. Recuerdo al peque como una estatua pegada al asiento, sin pestañear siquiera, casi como con miedo a moverse y que aquel momento desapareciese. Salimos de allí absolutamente sin palabras, como flotando en una nube mágica de ilusión.
De momento ya no me pide que vayamos al Leroy Merlin a comprar material para fabricar una caja con doble fondo con unas "tablicas y unos clavos". Ahí me planté y dije que hasta aquí habíamos llegado. Que siga practicando con las cartas, que son más manejables y se pueden llevar a cualquier sitio, ojú....
Os deseo un feliz fin de semana.
Un fuerte abrazo.