Primer lugar de destino en estos cinco días de vacaciones. No quiero ser pesada ni con fotos ni con palabrería, así que intentaré abreviar. Me llevo un recuerdo maravilloso de esta ciudad. Cada paso que dábamos era una nueva sorpresa para los sentidos: el olor a cochinillo asado por doquier, el tacto áspero del granito de las murallas y el frío en la mañana, el canto de los mirlos y otros pájaros que no sé distinguir, el sabor dulzón de las yemas y el salado de las "patatas revolconas", pero sobre todo, las vistas impresionantes de todo cuanto se nos mostraba a los ojos. Tengo que decir que, a pesar de la imponente estampa de la muralla, una de las cosas que más me impresionó fue el Palacio de los Dávila (octava foto), que además de ser Patrimonio Histórico, es según he leído, el mejor ejemplo de Palacio medieval fortificado. También vimos la salida de la procesión de los pasos desde la Catedral, tomamos tapas de revuelto de morcilla acompañando unas cañas, nos montamos en un Tuc-Tuc que nos llevó por los alrededores de las murallas, compramos algunos recuerdos y vimos nevar la noche antes de partir hacia el segundo destino. ¡Ah, y se nos pelaron los labios, nos quemamos las mejillas y yo que quería entrar a ver la catedral, me cobraban cinco euros...! ¿Es posible? Pues sí. No me dio la gana de soltar más pasta, la verdad. Pero a parte de eso, me llevo un recuerdo imborrable de esa ciudad. Me arrepentí de no haber leído algo de Santa Teresa antes de ir (prometo que lo tenía en mente), porque me gusta empaparme de la esencia del sitio al que voy a ir, pero puede que esta sea la excusa perfecta para buscar alguno de sus libros y volver en un futuro a esta ciudad, visitando así algunos de los lugares que se nos quedaron en el tintero.
Un beso chicas ♥♥♥