Parece que el calor se resiste a dejarnos, aunque ya se van notando las noches más frescas y se agradece una colcha en la cama. Hace unos días tuve puente, y aproveché para hacerme una analítica. Cuando terminé, fui a desayunar una tostada de tomate con café con leche en una terraza. Me supo a gloria.... He cogido ya esa costumbre las últimas veces que voy a Pamplona a sacarme sangre.
Otro día, fuimos a comer con el chico a un restaurante del centro de la ciudad. Disfrutamos mucho de la comida los tres juntos, mientras conversábamos y pasábamos un rato agradable. El plato de la última foto lo eligió el chico: confit de pato con cebolla caramelizada, también llevaba algunos frutos rojos.
Y para terminar, ayer viernes después de cenar, encendí la luz del jardín, me senté, y me quedé escuchando los sonidos que me traía la noche. Entre ellos algunos niños algo más mayores, que jugaban en unos columpios cercanos; también oí a un grillo, ruidos de platos y el murmullo de los coches y camiones a lo lejos en la autovía. Sonidos que he escuchado este verano a esas horas, y que poco a poco se irán desvaneciendo, conforme vaya llegando el frío.
Hasta pronto.
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