10 junio 2013
Conservar el perejil
Hay un plato de pasta fresca que a mi marido y a mí nos encanta, y son los espaguetis con perejil en abundancia (al peque le horrorizan, así que separamos una parte de la pasta y se la ponemos con tomate).
Preparamos este plato una vez por semana para cenar, así que el problema era cómo conservar el perejil de una vez para otra. Antiguamente te regalaban el perejil en cualquier sitio, pero ahora un manojo como este cuesta 0,50 €. La mejor manera que he encontrado de guardarlo es la siguiente.
Nada más comprar el manojo, se lava bien con agua fría y se seca con papel absorbente. Se cortan los tallos y el resto lo picamos bien. Voy metiendo el perejil en envases pequeños de plástico (estos son de salsas de comida china).
Antes de taparlos les echo un poquito de aceite de oliva y remuevo despacio (no es necesario añadirlo, pero tengo la costumbre). Lo hago para que no se peguen demasiado y cojan algo de sabor. Luego los tapo, apunto la fecha y los meto al congelador. Para preparar nuestra pasta utilizo un envase, pero si necesito para otra cosa, saco un poco, sin necesidad de descongelar y lo vuelvo a meter al congelador. Duran meses sin perder sus propiedades y conservan todo su sabor y aroma, que es lo que nos interesa. ¿Sabiáis que tienen más vitamina C que las naranjas? También contienen multitud de minerales y otras vitaminas.
Hasta pronto.
06 junio 2013
Una grata sorpresa
Hacía tiempo que no me llevaba una alegría tan grande. Aprovechando que hacía buen tiempo, salí al jardín para cortar el césped, limpiar y podar alguna rama de las abelias, que en esta época cogen carrerilla y no hay quien las pare. Mientras separaba unas ramas me pareció ver como una bola de paja. Me asomé más y vi esta maravilla. ¡No podía creerlo! Una preciosidad de nido con cinco huevitos, perfectamente redondo y acogedor y que ha aguantado la lluvia incesante que hemos tenido durante los últimos días. He mirado fotos en internet, y tiene toda la pinta de ser de gorrión.
Durante este mes, los niños salen del colegio a las tres, así que en cuanto el peque llegó a casa se lo enseñé. Cogió una banqueta para verlo mejor y se quedó alucinado. Como la tarde se hace eterna le propuse salir al parque y merendar fuera. Preparé un bocadillo, cogí un zumo y salimos. De camino paramos a comprar unos albaricoques que lavé en una fuente y nos los comimos a medias sentados en un banco a la sombra.
Luego un poco de juego para el peque, mientras su madre intentaba capturar algún rayo de sol en la cara.
Mucha gente aprovechó para salir a tomar el aire. Llevamos tanto tiempo encerrados en casa que lo estamos necesitando ya. Aún así, buscábamos la sombra, porque el sol calentaba con fuerza.
Acrobacias y equilibrios. El peque empezó a sudar como un pollo, así que poco a poco dejamos el parque y fuimos volviendo a casa.
Un puesto de flores en el parque. No hay mucha variedad pero es bonito verlas así todas juntas.
Nos paramos un momento a admirar esta preciosa camelia. El tono predominante era el amarillo pálido, pero tenía zonas en rosa suave. Entiendo que Coco Chanel eligiera esta flor como icono de la casa, es sobria, elegante y tiene una forma perfecta.
Estas flores las han plantado hace poco. Siento no poder deciros el nombre, pero son espectaculares. Si tengo ocasión preguntaré de qué flor se trata. También las he visto en rojo y blanco, pero últimamente me fijo más en el amarillo. Noto que ese color me llena de alegría.
En fin, no me haré ilusiones, porque dicen que otra vez llegan las lluvias, pero en cuanto salga el sol, espero poder disfrutar de tardes tan sencillas y bonitas como ésta.
Hasta pronto.
04 junio 2013
Colores y celebraciones
¡Hola a todo el mundo! Mi fin de semana comenzó el viernes. La mañana me
la reservé para mí solita. Salí a mirar ropa para el peque, digamos
una primera toma de contacto. No le gusta nada ir a comprar ropa, y a
eso hay que añadir que mis gustos y sus gustos no coinciden demasiado. Casualmente, si le llevo las prendas a casa, le gusta todo, así que el
problema debe ser ir a las tiendas. Me pasé por el Primark, tienda
que me tiene loca, sobre todo en cosas del hogar y ropa de niño. No
pude resistirme a comprar unos trapos de cocina que solo con mirarlos me
llenan de emoción.

Los nuevos son el de las flores que iba a juego con el primero del montón. El resto ya los tenía, pero siempre pienso que nunca tengo demasiados. Creo además que merece la pena gastarse algo más en ellos. No hay nada más desagradable que un mal trapo que no absorba y encima suelte pelusas.

Al mediodía me tocó comer sola, así que abrí el frigorífico, y con lo que había, se me ocurrió preparar un par de sándwiches de pollo con lechuga y mostaza. Me hicieron recordar unos pequeños bocadillos de pollo y curry que comí este verano en Almería, y eran lo más delicioso que he probado en años. Por supuesto, "tuve" que estrenar uno de mis nuevos trapos. ¡¡¡Me encantaaaaaaaa....!!!!
El sábado limpié a fondo varias piezas que compré hace poco en una tienda de segunda mano a la que suelo ir de vez en cuando. Esta vez había muchas cosas de los años 70.
El salero era parte de un completo juego de tarros con el mismo diseño y con diferentes tamaños. El azucarero en forma de naranja me "miraba" con carita de pena así que me lo llevé también, pero es tan delicado que de momento su lugar será la vitrina.

El domingo una de nuestras sobrinas participó en la procesión del Corpus Cristi. Es tradición que los niños que han recibido la comunión este año, se vuelvan a vestir con sus preciosos trajes, participando en una mini procesión, en la que van esparciendo pétalos de rosa de todos los colores.
Al finalizar la comida, la niña salió con una cestita repartiendo estos preciosos jabones en forma de piruleta gigante. Cada uno tenemos el nuestro, y ya estoy deseando encontrar el momento para estrenar el mío (a mí me tocó el amarillo, color que casualmente me gusta mucho últimamente).
Así ha sido como entre pétalos de rosa, esponjosos trapos de cocina, sándwiches de pollo, objetos retro, entrañables encuentros con familiares a la que no vemos a menudo, tímidos sonrojos infantiles y jabones de increibles aromas, ha transcurrido nuestro fin de semana. Además el sol nos acompañó, y según he visto en las previsiones, nos acompañará durante unos días. Esta misma tarde, después de comer, tengo pensado salir a dar un paseo, cámara en mano, y aprovechar la luz que por unos días podremos disfrutar.
Hasta pronto.
Doy la bienvenida a los últimos seguidores que se han incorporado: os doy las gracias por querer compartir este rincón virtual conmigo. Además os recuerdo que ya está preparado el collage del mes de Mayo. Desde que inicié el blog, tengo por costumbre preparar un collage al final de cada mes, seleccionando nueve fotos que me parecen más representativas de ese momento. Podéis pinchar en la pestaña de "Collages mensuales" o aquí.
Los nuevos son el de las flores que iba a juego con el primero del montón. El resto ya los tenía, pero siempre pienso que nunca tengo demasiados. Creo además que merece la pena gastarse algo más en ellos. No hay nada más desagradable que un mal trapo que no absorba y encima suelte pelusas.
Al mediodía me tocó comer sola, así que abrí el frigorífico, y con lo que había, se me ocurrió preparar un par de sándwiches de pollo con lechuga y mostaza. Me hicieron recordar unos pequeños bocadillos de pollo y curry que comí este verano en Almería, y eran lo más delicioso que he probado en años. Por supuesto, "tuve" que estrenar uno de mis nuevos trapos. ¡¡¡Me encantaaaaaaaa....!!!!
El sábado limpié a fondo varias piezas que compré hace poco en una tienda de segunda mano a la que suelo ir de vez en cuando. Esta vez había muchas cosas de los años 70.
El salero era parte de un completo juego de tarros con el mismo diseño y con diferentes tamaños. El azucarero en forma de naranja me "miraba" con carita de pena así que me lo llevé también, pero es tan delicado que de momento su lugar será la vitrina.
El domingo una de nuestras sobrinas participó en la procesión del Corpus Cristi. Es tradición que los niños que han recibido la comunión este año, se vuelvan a vestir con sus preciosos trajes, participando en una mini procesión, en la que van esparciendo pétalos de rosa de todos los colores.
Celebramos una comida en familia en la que nos juntamos unas veinte personas. Conseguirlo no es fácil, porque vivimos un tanto distanciados, geográficamente hablando, así que fue una jornada preciosa. La niña estaba guapísima y disfrutó mucho. El peque se cortaba mucho con ella, algo que me hacía sonreír por dentro. Hacía unos cinco años que no se veían, y el cambio físico entre los dos es enorme.
Al finalizar la comida, la niña salió con una cestita repartiendo estos preciosos jabones en forma de piruleta gigante. Cada uno tenemos el nuestro, y ya estoy deseando encontrar el momento para estrenar el mío (a mí me tocó el amarillo, color que casualmente me gusta mucho últimamente).
Así ha sido como entre pétalos de rosa, esponjosos trapos de cocina, sándwiches de pollo, objetos retro, entrañables encuentros con familiares a la que no vemos a menudo, tímidos sonrojos infantiles y jabones de increibles aromas, ha transcurrido nuestro fin de semana. Además el sol nos acompañó, y según he visto en las previsiones, nos acompañará durante unos días. Esta misma tarde, después de comer, tengo pensado salir a dar un paseo, cámara en mano, y aprovechar la luz que por unos días podremos disfrutar.
Hasta pronto.
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Doy la bienvenida a los últimos seguidores que se han incorporado: os doy las gracias por querer compartir este rincón virtual conmigo. Además os recuerdo que ya está preparado el collage del mes de Mayo. Desde que inicié el blog, tengo por costumbre preparar un collage al final de cada mes, seleccionando nueve fotos que me parecen más representativas de ese momento. Podéis pinchar en la pestaña de "Collages mensuales" o aquí.
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