09 agosto 2013

José Luis López: mi ilustrador favorito


En un post de hace un año, os enseñé la colección de cuentos troquelados que todavía conservo de mi infancia.  Los que más me gustaban eran los editados por Editorial Saldaña a principios de los 70, y en especial los dibujados por José Luis López Fernández.  Mi idea era hacerle un pequeño homenaje pero aunque he intentado buscar información sobre este ilustrador tan fantástico, no he encontrado nada.  Este dibujante puso color y emoción a mis años de niña.  Las caras de los personajes eran un absoluto estallido de alegría.  El único cuento que no conservé era precisamente el de la foto: Martita la Colegiala, mi favorito absoluto.  Recuerdo que le pedía a mi madre que me lo leyese una y otra vez, no me cansaba nunca.  Supongo que quedó tan gastado que fue a parar a la basura. Lo he retenido en mi memoria durante casi cuarenta años.


A veces lo busqué en internet, pero solo encontraba ejemplares viejos e incompletos, hasta que hace poco vi en eBay una reedición en formato grande y lo compré. ¡Qué alegría más grande cuando abrí el sobre! Recordaba ese alegre despertar de Martita por la mañana.  De niña pensaba: "¿qué hace durmiendo en el balcón?", jajaja... y ese pie de cama, yo creía que era un cepillo gigante.



Aquí mi recuerdo era: "¡Jo, qué dientes tan blancos!" Yo seguramente tendría los de leche aún...


Me maravillaba el colegio al que iba Martita.  Yo fui a colegio público, y pensaba que las niñas que iban a colegio privado y con uniforme se lo pasaban mucho mejor.  Aunque lo que no me quedaba claro aquí es quién era Martita.  ¿No se supone que era pelirroja y llevaba dos coletas? Y ¿qué hacían esas partituras por el suelo?


Esta imagen de la excursión era como viajar al Tirol.  Quedaron grabadas en mi memoria la niña gordita que intentaba subirse al árbol y el bocata que se zampaba la que estaba a sus pies, y que encima la tía se llevaba el termo y además tenía otro bocata de repuesto al lado.  Luego me fijaba en la niña que tocaba la armónica a la izquierda y me parecía que también se estaba comiendo un bocata, jajaja... 


Todo eran alegrías en este cuento (aunque el que yo tenía no era exactamente igual, había alguna ilustración más).  Al final se celebraba una fiesta de cumpleaños en la que todas las niñas iban perfectamente conjuntadas, zapatos relucientes a juego con el vestido y con los lazos.  Había confetis y gorritos, algo que yo solamente relacionaba con la Navidad, fuera de ese contexto me parecía un exceso (en mi mente de cuatro años, claro).


Este dibujante también realizó las famosas cartas de familias de Fournier de los años 70.  Seguro que más de una tuvistéis esta baraja. Esta es la que yo conservo. 

Lo dicho, un gran dibujante de la época del que no he podido encontrar más información, pero que puso el rostro a la alegría y la ilusión en mi infancia.  Si alguien conoce algo más de él, me encantaría saberlo.

Un abrazo y gracias por estar ahí.
Hasta pronto.

06 agosto 2013

Pintando piedras


Cuando el calor aprieta y las tardes se vuelven más relajadas, es el momento de sacar a pasear la imaginación e idear alguna manualidad entretenida, a ser posible con elementos que ya tengamos en casa.  Nos acordamos de un montón de piedras y conchas que trajimos de la playa estas vacaciones, y junto a las témperas de colores que todavía quedaban del curso escolar, se nos ocurrió darles otro aire.


Extendí unos periódicos en la mesa de la cocina y nos pusimos a pintar.  Fue realmente divertido, ir mezclando los diferentes colores, recordando cómo a partir de los colores primarios se creaban todos los demás. Quizás por mi estado de ánimo más sereno y relajado, los colores que predominaron en mi "trabajo" fueron los tonos pastel.  El peque no se complicó la vida, ¿su estado de ánimo? ¿más inquieto? ¿más enérgico?


A la izquierda las creaciones del peque.  Él trabajó sin tener nada concreto en la mente, pero aún así, salió una especie de hawaiana con cara enfadada.  A la derecha las que hice yo.  Me encantó la textura suave que adquirieron las piedras. El tono de azul me encantó, tanto que una vez seca la piedra, no podía dejar de tocarla.  El verde turquesa tampoco salió mal.


El peque se aburrió antes que yo, y una vez acabó ya se quería marchar.  Le tuve que parar los pies y "recordarle" que había que recoger las cosas.  Una vez que todo estaba en su sitio, aún estuve un rato haciendo fotos a nuestras creaciones.  Tengo una relación difícil con la "flor" de la cámara, esa que enfoca de cerca.  De quince fotos que saqué a mi "monumento", sólo se salvó esta.
Hemos cogido un libro de manualidades en la biblioteca, y ya hemos visto un par de buenas ideas, no demasiado complicadas.  Es la forma de ir pasando esta época de vacaciones escolares y rutina estival.
Hasta pronto.

03 agosto 2013

Tardes de verano


No os descubro nada nuevo si os digo que el calor que estamos teniendo es horriiiiiiible.  Ayer llegamos a los 38º en Pamplona, y la noche anterior no bajamos de los 25º, eso que llaman ahora "noche tropical".  Sería más llevadero si estuviésemos en una playa "idem" con un chiringuito de paja al lado y un simpático camarero sirviéndonos mojitos sin parar... pero, estamos aquí, encajonados entre montañas y a merced de los vientos africanos. Sin embargo, cuando avanzó la tarde ganó el pulso el viento que soplaba del norte, y eso amigas, es para mí la felicidad absoluta.  Imagino desde dónde vendrán esos vientos: Rusia, Finlandia, el Artico, bueno, me da igual, el caso es que los prefiero a los que llegan del Sáhara.  Pero claro, estamos en verano y es lo que toca. En poco tiempo bajamos de los 38º a los 25º, y la noche ha sido fresquita, biennnn.


Estas dos primeras fotos las saqué el día que fuimos a recoger al peque del campamento.  Un pueblo navarro a unos 40' de la capital, rodeado de sierras montañosas, pastos, campos y hermosas vacas que pastaban tranquilamente en medio de la carretera.  Está situado a más de 700 mts. sobre el nivel del mar, por lo que se notó un descenso importante de grados cuando le dejamos, aún así, pasaron calor llegando a los 30º.  Todos los días salían con los monitores al monte a andar, con sus botas, mochilas y cantimploras.  Dice que el año que viene no le importaría repetir en este sitio.  Señal de que ha estado bien.


Una vez en casa hemos vuelto a la normalidad estival.  El peque va a la piscina con algunos amigos de vez en cuando, porque no es muy piscinero; otras veces salimos a hacer algún recado y disfrutamos viendo las flores de los jardines públicos que están en todo su apogeo.


El montaje de Legos es algo habitual, pero si yo participo le gusta más, claro, el problema es que ya no aguanto mucho tiempo sentada en la alfombra.  Aún así conseguimos hacer este coche fúnebre (sí, fúnebre) y nos quedó es-pec-ta-cu-lar.


Comemos más helados y polos.  Tengo pendiente aprender a hacer helado casero sin heladora. El proceso es más largo, pero no imposible, y ahora que tengo más tiempo libre y un mini-chef en casa con los brazos cruzados, creo que habrá que ponerse manos a la obra.


Hoy las temperaturas son mucho más soportables, entre 25 y 27º, así que dar una vuelta por el jardín ha servido para alegrarme un poco la vista.  La adelfa está espectacular.  Cuando la compré en el año 2004 medía apenas 60 cms. y ahora yo calculo que supera los tres metros.


Mis queridas abelias no se quedan atrás.  Durante julio y agosto están increibles.  Cuando empieza a caer la tarde, desprenden un olor maravilloso...


Hoy después de comer, he preparado un par de mojitos, para sr. marido y para mí.  No es ni de lejos lo que quería.  El otro día compramos una botella de mojito que ya viene preparado, al que solo hay que añadir lima y hierbabuena.  Pero no me gusta el sabor.  Tengo que hacerme rápidamente con una botella de ron Habana 7, azúcar moreno y hierbabuena.  Lo del hielo picado puede que sea un capricho, vi una picadora manual de hielo pero valía casi 20 € y encima tenías que darle tú a la manivela, no sé, mejor cojo un martillo y me lío a golpes con el hielo, jajaja...


Y por supuesto, tardes de verano donde el tiempo se desliza más suavemente, donde parece no haber la prisa de otras épocas, aunque nuestras obligaciones sean las mismas.  Por fin he podido hacerme con un ejemplar de El tiempo entre costuras.  A estas alturas ya debería habérmelo leído, pero nunca es tarde. Van a hacer una serie en televisión, y prefiero imaginarlo antes.

Quedan más cosas en el tintero, más recetas, manualidades, paseos, pero todo eso lo iremos desgranando poco a poco, no quiero que os empachéis.
Hasta pronto.

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