11 mayo 2014

19/52


1. Hace poco tuve ocasión de ver unas hermosas calas que habían crecido cerca de la casa de mi suegra.  Esta flor me trae muchísimos recuerdos y me siento muy identificada con ella, dicen que representan la nobleza y la sencillez, y yo me siento así.  Mi ramo de novia lo formaban tres calas blancas y como era invierno, me las tuvieron que traer de fuera, pero aún así estaban perfectas.


2. Estos días he empezado a trabajar un poco en el jardín.  Tengo muchas cosas que hacer, como podar algunas ramas, añadir sustrato y abono, limpiar, reponer las cortezas de pino que ya están muy estropeadas, quitar malas hierbas y alguna que otra tarea.  Las flores rosas han empezado a brotar (siempre lo hacen entre mayo y junio durante unos pocos días), pero muchas de sus hojas están amarillentas y me lleva un buen rato quitarlas.  La verdad es que no les hago mucho caso durante el resto del año, así que seguramente estarán a falta de nutrientes.


3.  Mientras limpiaba en el jardín, me fui encontrando pequeños brotes de diferentes plantas que habían nacido en los lugares más insospechados. Tal y como he visto hacer en algunos sitios, los extraje con todo el cuidado y los he ido poniendo en vasos con agua.  En unos días los transplantaré primero a macetas pequeñas y luego ya veremos dónde.

 

4. Estoy preparando un post con la última excursión que hicimos cerca de Madrid.  Os adelanto esta foto, que pertenece a una heladería que había en este lugar y que lamentablemente estaba cerrada aún.


5. En último lugar, os dejo con una foto que no recordaba.  Uno de los maravillosos postres que pedimos en un restaurante en Madrid. Yo pasé directamente al café, pero el peque no se resistió a este Macaron Foundant con helado (bueno vale, confieso que le ayudé un poquito...).

Un fuerte abrazo y feliz semana.

08 mayo 2014

Madrid


La ciudad de Madrid es muy especial para mí.  Siempre venimos al menos una vez al año para visitar a unos tíos abuelos míos, que ya son muy mayores.  Recuerdo cuando yo era niña y los "tíos de Madrid" venían de visita.  Abríamos el sofá cama del salón, que se convertía en una enorme cama de matrimonio (para mi mentalidad de niña), algo que solo se hacía en ocasiones especiales.  Semejante acontecimiento era algo maravilloso.  Yo ayudaba a mi madre a poner las sábanas, que siempre olían a ropa recién planchada, y cuando nadie me veía me tumbaba allí y soñaba con que me dejasen dormir en ese inmenso sofá aunque fuese una sola noche, pero eso era algo reservado exclusivamente a las visitas.  Los años han pasado y los "tíos de Madrid" son ya mayores, incluso han sobrevivido a mis propios padres.  Quizás por eso, ir a visitarles se ha convertido en algo sagrado para mí.  Reservamos una tarde o dos para pasarla en casa con ellos.  Hablamos del pasado, de las vacaciones juntos en la playa, de sus visitas a Pamplona, de tantos y tantos momentos que forman parte de nuestra memoria común.  Y entre medias, visitamos Madrid y sus enormes edificios, viajamos en metro, tomamos cerveza y granizados en la Plaza Mayor, nos maravillamos ante la Dama de Elche, vemos coronas visigodas de hace cientos de años, ranas de la suerte delante del Casino, chulapos que venden barquillos, regalices gigantes, mercadillos de libros, los leones del Congreso, sentimos la amabilidad de la gente y respiramos el ambiente increible de esta enorme ciudad..., pero al final, me quedo con este pequeño rincón de la casa de mis tíos.  Un humilde canario, cuyo canto extraordinario acompañó nuestras conversaciones en la primera visita del año.  Cada vez que vamos, me voy con la sensación de que será la última, pero la vida es tozuda, se empeña en recordarnos una y otra vez que cada vez nos hacemos más viejos y que ya no tenemos toda una vida por delante, sino menos de la mitad.  Quizás por eso regreso a casa más melancólica, recuerdo a los que ya no están y los momentos vividos.  Recuerdo el olor de las sábanas que planchaba mi madre y aquel enorme sofá.  El revuelo que se formaba en casa cuando venían los tíos de Madrid.  Ahora ellos ya no pueden venir.  Somos nosotros los que vamos a verles, y Madrid nos acoje como siempre, con los brazos abiertos, como siempre ha acogido a todos los que vienen de fuera.
Un abrazo.

04 mayo 2014

18/52


1. Lo último que veo al acostarme, y lo primero que veo al despertar.  Me gusta leer un rato antes de dormir e ir sintiendo cómo el sueño vence a mis párpados que luchan por no caer, pero suele ser una batalla perdida.  Dejo el libro en la mesilla y antes de apagar la luz, miro las lágrimas de mi lámpara.  La luz se refleja en ellas y es una bonita imagen para dormir.  Fueron un flechazo a primera vista y me siguen gustando tanto como cuando las compré.


2. Una pelota de goma rota encontrada en la calle, es suficiente motivo de diversión para el peque.  Se llena de agua y ya tenemos un nuevo sistema de riego.  Cuando le dije que posiblemente fuese de algún perro, se deshizo de ella rápidamente.


3. Estuvimos visitando una exposición llamada "Ilusionismo: magia o ciencia".  La entrada es gratuita y se puede ver en una carpa situada en la Plaza del Baluarte.  Os aconsejo la visita guiada, porque te enteras de más cosas, luego puedes ver el resto de la exposición por tu cuenta.  El peque estaba emocionado, tanto que volveremos otro día.  Finaliza el 9 de mayo.


4. ¿Qué tienen estas bolitas de agua que me fascinan tanto? Hace dos años hice unas fotos parecidas, intentando captar la luz através de ellas.  Son tan brillantes, suaves y luminosas, que no puedo dejar de mirarlas.



5.  No hace mucho, transplanté a una maceta unos brotes que germinaron en mi jardín espontáneamente.  Esta planta es una trepadora y la tiene mi vecina, así que el viento  debió traer las semillas.  Seguro que me pongo a plantar yo algo y no nace nada.  Tienen una pinta estupenda, ahora solo les queda crecer y crecer.

Disfrutad del domingo.
Un fuerte abrazo.

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