El sábado hubiese sido el día de graduación del chico. Recuerdo cuando hablábamos de ello, de su ilusión por llevar su primer traje, y todas las emociones encontradas que sentiría. Catorce años yendo a estudiar al mismo centro, son muchos años. Pero todo eso ha quedado aplazado dadas las circunstancias. ¡Quién podía imaginar que apenas unos meses después, estuviésemos inmersos en esta pesadilla!
Hoy al salir del trabajo, he visto mi reflejo en un escaparate así de sopetón, y debo confesar que me he quedado un tanto impactada. Con la mascarilla puesta y las gafas de sol, parecía el mismísimo hombre invisible. En fin. Os dejo con las fotos de estos últimos días, como siempre buscando esa normalidad que tanto echamos de menos. Un poco de jardinería, fajitas, un cielo triste, banderas con crespones y un rosal que me encontré en una calle por la que no suelo pasar, y que alegró de repente mi corazón. Tantos planes pospuestos, tantas ilusiones rotas, pero no decaigamos.
Os mando un fuerte abrazo y mucho ánimo ♥♥♥