Una de las cosas que más me gusta hacer cuando volvemos de vacaciones, es ordenar las fotos que he ido haciendo. Disfruto mucho recordando todos esos momentos. Es un placer en sí mismo, como cuando planeas un viaje y cuentas los días que faltan: a veces resulta más gratificante que el viaje en sí. Este año no se diferenció mucho del anterior. El tiempo fue estupendo: durante el día no hacía demasiado calor y al atardecer la brisa del mar refrescaba el aire y la gente salía a hacer footing y pasear en bici. Había muchos puestos de bisutería y artesanía y siempre descubría algo nuevo cuando me paraba a mirarlos. Bajábamos a desayunar a las ocho y media, y una hora después ya estábamos en la playa. Una vez montado el "campamento", sr. marido y el peque iban en busca de conchas y cristales. Luego jugábamos con las palas y nos bañábamos después. El peque sigue disfrutando con sus juegos en la arena, aunque a veces se aburría, y entonces íbamos a comprar algún helado a un kiosko cercano. Por mi parte, he hecho montones de sudokus y acabé mi libro de Murakami. Por las tardes dábamos paseos cerca del mar, tomábamos cerveza en alguna terraza y visitábamos las tiendas de souvenirs. Solo un día el cielo se nubló y cayó una ligera lluvia. Ese día lo dedicamos a visitar La Alcazaba en Almería, como ya hemos hecho en alguna otra ocasión. Bueno amigas, aprovecharé para seguir ordenando fotos ahora que la casa ya está más o menos ordenada. Nos vemos en siguiente post dedicado a esa excursión.
Un abrazo.