Todos los años tengo la misma sensación, me parece precipitado ver iluminaciones de Navidad a finales de noviembre, y sin embargo, esta llega sin darme cuenta. El día antes, sr. marido y yo fuimos a comer a un restaurante oriental, luego visitamos una exposición de belenes y pronto nos retiramos para casa. Estos días ha hecho bastante frío y no apetece mucho estar en la calle. Como os decía, visitamos la exposición organizada por la Asociación de Belenistas de Pamplona. Había una gran cantidad de ellos, algunos clásicos y otros situados en entornos más exóticos, pero todos con un gran trabajo detrás.
Casi sin quererlo, hay tareas que hacemos en Navidad y que poco a poco se van convirtiendo en clásicos que realizamos con todo el amor del mundo y que nos conectan con un sentimiento de celebración. En mi caso, me gusta coger algún día de fiesta por estas fechas, en los que aprovecho para decorar la casa, pasar media mañana en un bazar chino enorme comprando cositas que "siempre" hacen falta, jajajaj... y además de todo eso, me gusta preparar pimientos rellenos de bacalao para Nochebuena, hacer dos tabletas de turrón de chocolate que ya os compartí (aquí), una para mi sobrino que le encanta y otra para casa, envolver los regalos, recoger piñas y bayas para realizar una corona de Navidad (aunque este año no me ha dado tiempo...) y ver alguna película de las que veíamos el chico y yo juntos en el sofá, cuando era pequeño, tenía vacaciones y todos los planes que proponías eran la cosa más especial del mundo.
Desde que soy adulta y formé mi propia familia, una parte importante de la Navidad se ha convertido para mí en buscar algún resquicio de lo que sentíamos cuando éramos niños en casa de nuestros padres, o en su defecto, lo que sentíamos cuando nosotros ya éramos lo padres y los niños eran los que almacenaban esos recuerdos. No sé si he sabido expresarlo bien, es como querer alcanzar un sentimiento que tuvimos años atrás con las herramientas que tienes hoy en día. ¿Será eso lo que llaman espíritu de la Navidad? Sería una buena reflexión para estas fechas.
No me enrollo más, espero que vuestros preparativos vayan viento en popa.
Hace un par de semanas que ya se iluminó la ciudad. Tuvimos que acercarnos al centro para hacer un recado, y aprovechamos para ver las luces navideñas. Todo alrededor se transforma en colores ocres brillantes. No sé qué tienen las luces que nos alegran el corazón, llenan de ilusión algo en nuestro interior que permanecía apagado el resto del año. Sin duda es un empujoncito para animar las compras navideñas, aunque en mi caso ya las tenía planificadas con tiempo, y este paseo me sirvió para disfrutar con libertad, sin presiones de buscar el regalo de última hora.
En breve decoraremos también la casa, algo que me llena de alegría, aunque este año no creo que me de tiempo a realizar la corona de navidad que cuelgo en la puerta de unos años a esta parte.